Sangre sola

Saúl Ibargoyen

Resumen


El hombre, desnudo y sangrante como un animal cualquiera que el cazador desprecia, lento se hundía entre la hojarasca de aquella arboleda de encinas, eucaliptos y jacarandas, a más de un pasto que las hormigas rojas transitaban y de arbustos bajos como esferas de sombra. La semi penumbra de ese día del viejo otoño no nos deja percibir las huellas o señales o marcas, como un rumbo tejido con la misma sangre, entre la cercana casa de paredes blancas y los lindes del reducido bosque.


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