Aguilar Hernández and Soto Kiewit: Tensiones de la formación interdisciplinaria. Diálogos y dialécticas trans-epistemológicas entre un sociólogo y un artista-diseñador***



Introducción

La apuesta de la presente discusión está en exponer algunas reflexiones sobre el trabajo interdisciplinario. Las ideas presentadas son resultado de un proceso de discusión, diálogo y trabajo sobre la relación entre disciplinas que han dado dos profesionales interesados en construir espacios colaborativos e iniciativas de trabajo que integren diversas áreas de conocimiento. Las discusiones se mueven en tres dimensiones diferenciadas, a saber: la personal, la disciplinar y la contextual.

El nodo central de la exposición está en las tensiones, es decir, en mostrar que las condiciones del trabajo entre sujetos y áreas de conocimiento pasa por el conflicto y la confrontación, ya que estas son propias de la dinámica del quehacer investigativo, por lo que al trabajarlas se pueden generar condiciones de reconocimiento y transformación de las relaciones a lo interno de los equipos de trabajo e investigación.

En el marco de esas tres dimensiones anteriores, hay cuatro espacios que aborda la presente reflexión, que son: el disciplinar, el del investigador/proyectista/sujeto, el conceptual y el de conformación de equipos. El disciplinar se construye desde la demarcación general de nuestros ámbitos de acción y trabajo, de la manera en cómo entendemos que se configura nuestra identidad profesional. La dimensión del investigador/proyectista/sujeto se articula desde una problematización de la forma en la que los procesos contextuales y subjetivos influyen en los intereses de trabajo y en la conformación de relaciones. El conceptual, expone algunas ideas sobre la investigación interdisciplinaria y transdisciplinaria, a la vez que se suscribe una posición en relación a cómo es posible materializarlas. El de los equipos de trabajo busca discutir dos experiencias de relacionamiento y organización entre personas con adscripciones disciplinarias distintas, acá el énfasis está puesto en las tensiones y las posibilidades que estas brindan.

Lo disciplinar

El punto inicial de una discusión que busca crear condiciones para la apertura del trabajo entre disciplinas, desde una lógica de la interacción (ya sea desde lo interdisciplinario o lo transdisciplinario), inicia justamente ahí: en lo disciplinario. Es por eso que comenzamos con una exposición sobre la manera en la que visualizamos (incluso, en la que problematizamos) nuestras áreas de conocimiento para, en un segundo momento, identificar cuáles son los puntos nodales de ese relato, y qué es necesario discutir para crear las condiciones propicias para la interrelación disciplinaria.

La demarcación de contornos: El autorreconocimiento disciplinar

En los siguientes párrafos se presenta ese esfuerzo por configurar una definición de cada uno de los espacios disciplinares a los que nos adscribimos, pues a nuestro juicio, la discusión inicia ahí, en el autorreconocimiento.

Un primer contorno: La formación discursiva de las artes y el diseño

Es difícil enfocar el centro disciplinar en las artes y los diseños, debido a la gran diversidad de prácticas que sus actores desarrollan, algunos consideran como objeto de conocimiento sus propios procedimientos -investigar a partir de la problematización de los procesos creativos ha sido una constante-, sosteniendo una mirada sobre la especificidad disciplinar se proponen dar solución a problemáticas precisas. Observemos lo anterior por medio de la investigación sobre tintes naturales mexicanos y su aplicación en algodón, henequén y lana (2008), donde la Mtra. Leticia Arroyo, preocupada por la toxicidad de los procesos químicos en el arte del tejido, recopiló una serie de alternativas de pigmentación provenientes de los saberes tradicionales que las y los artesanos mexicanos han desarrollado:

Además de la investigación en códices, la maestra Arroyo ha realizado varios viajes a comunidades indígenas para conocer sus técnicas de teñido. Estuvo en una cooperativa indígena en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, donde la enseñaron a teñir tres tonos de negro con lodo de las cuevas y a obtener color de las hierbas amarga y del carbonero. En Zacapoaxtla, Puebla, recuerda: ‘conocí a una señora que trabajaba el azul añil para teñir telas, lo cual es muy difícil porque se tiene que lograr un nivel de alcalinidad y temperatura precisos, le agregaba patas de pollo, cal, ceniza y hierbas, y lo procesaba durante varios días’. (Salcedo 2015, párr. 5).

Es importante decir que, si bien esta investigación trata sobre un problema específico, la afectación a diferentes ámbitos y campos disciplinares es innegable, en primera instancia sobre el medio ambiente y, en un segundo momento, sobre el reconocimiento de los saberes tradicionales como conocimiento tecnológico, se configura una investigación que si bien versa sobre el tema específico de procesos de tintura no tóxicos se desborda hacia otros espacios donde la investigación afecta.

Otras formas de investigación lanzan preguntas sobre la utilidad del arte en la esfera social, es decir, dejar de mirar hacia la disciplina y mirar hacia fuera, hacia los demás. La artista cubana Tania Bruguera (2012) aborda estos tópicos de la siguiente manera:

El impulso natural de un artista es tratar de comprender las cosas que lo rodean y compartir con los demás las preguntas que se hace y las respuestas que encuentra. El sentido del arte útil es imaginar, crear, desarrollar e implementar algo que, creado desde la práctica artística, brinda a la gente un resultado claramente beneficioso. Esto es arte porque es la elaboración de una propuesta que no existe todavía en el mundo real y porque es hecho con la esperanza y la creencia en que algo puede hacerse de un modo mejor, incluso cuando las condiciones no están aún allí para que así ocurra. El arte es el espacio a partir del cual uno se comporta como si existieran las condiciones para que ocurran las cosas que uno quiere que ocurran y como si todos estuvieran de acuerdo sobre lo que proponemos, aunque eso todavía no sea así, es vivir el futuro en el presente. El arte es también hacer creer, aunque sepamos que no tenemos mucho más que la creencia misma. El arte es ir practicando el futuro. (párrs. 1-2).

Comprendemos que en esa posibilidad y ejercicio de imaginar posibilidades está su centro, lo cual ha impedido el pleno reconocimiento del arte como disciplina científica que, visto desde los parámetros que la cientificidad unidimensional de la ciencia positivista propone, solo por señalar alguno, la idea de conocimiento universal, lo cual se contrapone a la idea de soluciones alternativas a los problemas que el arte ejercita.

A partir de lo anterior ha emergido en el ámbito artístico de los últimos años, la idea y discurso sobre reconocer que todo proceso artístico o diseñístico tiene investigación en su propio proceso creativo. Pero, ¿de qué tipo de investigación hablamos?, depende de cada propuesta, sin embargo, mi experiencia como docente en el Posgrado en Artes y Diseño en la UNAM, así como integrante de la Red Cultural Tlalpan, me ha permitido conocer una gran diversidad de proyectos culturales y de investigación, donde identifico algunas constantes: a) un persistente acercamiento teórico-práctico del diseño con el arte y viceversa, hoy se observan más similitudes entre estos campos disciplinares que diferencias; b) las acciones creativas se desarrollan por medio de una multiplicidad de medios que ofrece la producción cultural actual, lo cual hace más borrosa la idea de disciplinas, y, c) una constante vinculación conceptual con otras disciplinas, académicas o no, que expande su campo de conocimiento.

De tal forma, las artes/diseños son un conjunto de disciplinas artísticas, técnicas y científico sociales esparcidas en los mapas curriculares y prácticas culturales. Antes las bellas artes y las artes libres convivían de manera independiente en la Academia, cuando ingresabas aspirabas a ser grabador, pintor, escultor, arquitecto o dibujante publicitario, hoy día la formación en artes visuales o diseño de la comunicación visual en la FAD/UNAM te prepara para desarrollar estas disciplinas junto con otras, como: fotografía, video, cibernética, performance, teoría del arte, historia del arte, estética, etcétera. Formando un artista/diseñador con acceso a una gran diversidad de formas expresivas y que puede irrumpir en diferentes disciplinas a través de la integración en su producción, entendida como un dispositivo que entrelaza tácticamente acciones, conceptos, objetos, procesos, etc., respondiendo a las necesidades particulares de cada proyecto de investigación.

Así las interacciones con las otras disciplinas han sido una constante en el desarrollo de las artes/diseños, pero no solo con las académicas, sino también entremezclando con los saberes y las creencias, podríamos decir que nuestra “disciplina”, es genéticamente una no disciplina, por ello la oposición de los sectores conservadores en las universidades por integrar al arte como disciplina académica, en este sentido se parece más a una transdisciplina. La siguiente visualización (Ilustración 1) explica y ejemplifica el andamiaje conceptual de la transdisciplina que, expresado con el estilo moriniano de contrastación (Morin 1984), nos permite situar la práctica cultural donde la perspectiva del sujeto/ investigador/productor es fundamental. (Ver Ilustración 1).

Ilustración 1.

Dicotomía disciplina-transdisciplina

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Fuente: Elaborada por Yuri Aguilar Hernández, a partir de la lectura de Edgar Morin.

Un segundo contorno: La formación discursiva de la sociología

En el caso de la sociología, igualmente es difícil hablar de un punto de convergencia que defina y contemple todo lo que se hace bajo su nombre, pues desde sus orígenes ha entrado en un proceso de evolución y ampliación, que da como resultado una rama del conocimiento con diversas variantes, en la que el aspecto común es la preocupación por la explicación de los fenómenos desde una perspectiva social o relacional. La consigna de base en la sociología, es la construcción social de la realidad, y de los diversos acontecimientos que son susceptibles de ser explicados desde esa óptica.

Ahora se hace necesario establecer esas diversas variaciones que se dan a lo interno de la sociología. En un primer nivel de diferenciación, encontramos las disímiles vertientes teóricas dentro de la sociología, que parten de concepciones de realidad diferenciadas y proponen formas distintas de concebir la disciplina, en este caso podemos encontrar corrientes, como la estructuralista y la funcionalista (para poner solamente dos ejemplos). En un segundo nivel de distinción, en la sociología, como en muchas otras disciplinas se han creado subespecialidades, que se erogan el derecho sobre un área específica de la realidad social, según esa vía de la especialización, ahora se pueden encontrar diversas sociologías, como: la de la educación, la política, de las organizaciones, entre otras. Según quienes las profesan, estas cuentan con su lógica propia, en tanto pueden explicar esa parcela de la realidad por sus propias dimensiones y características.

Según lo anterior, la sociología puede ser entendida como una disciplina en disputa, en tanto presenta diversas acepciones del trabajo y el andamiaje conceptual con el cual se debe o puede trabajar. Con esto se busca hacer ver que en la sociología no hay una única voz que establezca la forma en la que se entiende y trabaja para la búsqueda de una explicación de lo social, sino más bien, existe una proliferación de voces que tratan de dar cuenta de diversos fenómenos de orden social, y que posicionan formas de trabajo diferenciadas.

Para situarlo en la realidad más inmediata, el escenario de la sociología en Costa Rica no escapa de estas diversas tradiciones de pensamiento, y a esa parcelación del trabajo en áreas más acotadas de conocimiento. Lo anterior se ve materializado en una formación que busca dar cuenta de ese amplio escenario de atención y trabajo, que pasa por un proceso de revisión crítica de las diversas corrientes, pero centrando la atención en la construcción de un relato que apuesta por un hacer crítico de la práctica sociológica.

La formación en sociología está centrada en la generación de capacidades y conocimientos para que las personas puedan apropiarse de lo que Mills (1961) llamó en su momento: “imaginación sociológica”, es decir, una manera de concebir la realidad, que permita dar cuenta del proceso social que ha mediado cada fenómeno, hecho o acontecimiento.

La sociología, como otras disciplinas, parte de la creación de un relato que se configura a partir de la identificación de un sujeto (o una dimensión de él), en el caso de esta área de conocimiento se trata del sujeto social, el “homo sociologicus”, y explica desde ahí las diversas relaciones e influencias, es decir, les da un sentido. Es desde esa perspectiva que la sociología interpela la realidad, y desde donde busca pistas para su explicación o comprensión (Giner 1998).

Las disciplinas como espacios delimitados de sentido

Cómo se visualiza en las líneas anteriores la conformación del relato disciplinar pasa por un proceso de tensión y modificación constante. Lo que se concibe en la actualidad como disciplina está conformado por una diversidad de perspectivas que han atravesado un camino de revisión y cuestionamiento, desde el cual se han visto enriquecidas. Todo eso contribuye a conformar una identidad específica, de la que participan todas las personas que se adscriben a un área de conocimiento.

En general, la identificación con un área de conocimiento busca, por el mismo ejercicio de legitimación académico, delimitar un espacio de la realidad “que le es propio” y del cual se ocupa, así nace en sus orígenes la demarcación de las fronteras disciplinares, en donde cada ciencia tiene su feudo, que le brinda derechos y posibilidades de trabajo, así como un reconocimiento y una aceptación dentro de la institucionalidad.

Esa demarcación de un espacio de la realidad, para las diversas disciplinas, va acompañado por la construcción de un relato, de una concepción de la realidad que explica y asigna sentido, es por eso que acá las hemos denominado formaciones discursivas, haciendo referencia al concepto de Laclau y Mouffe (1986), pues son relatos orientados a construir una hegemonía sobre la realidad, en la que la confrontación y la disputa parecieran ser las formas de relacionamiento más comunes.

Ese establecimiento de fronteras se ve fragmentado por un proceso de avance de la misma labor científica, en la que las inquietudes que surgen se vuelven hacia esas fronteras, cuestionando la demarcación de los límites y las condiciones de hermetismo que se fueron desarrollando a lo largo de los años.

En este punto tiene sentido la pregunta: ¿en dónde se da la ruptura con las fronteras disciplinares? Nuestra respuesta se enfoca en la pregunta (como base de todo trabajo investigativo), es decir, en las interrogantes que un investigador o una investigadora se hace sobre la realidad, preguntas que exceden, por su propio interés, la demarcación de las áreas de conocimiento, provocando la necesidad de otras formas de trabajo, de conexiones y diálogo.

Un cuestionamiento, que reafirma la discusión anterior, se refleja de manera oportuna en lo que plantea Bourdieu, respecto de su práctica investigativa, cuando responde:

Sí. Me he pasado toda la vida combatiendo fronteras arbitrarias que son el resultado de la reproducción académica y que no tienen ningún fundamento epistemológico entre la sociología y la antropología, la sociología y la historia, la sociología y la lingüística, la sociología del arte y la sociología de la educación, la sociología del deporte y la sociología de la política. Aquí tenemos una vez más una situación en la que la transgresión de las fronteras disciplinarias es prerrequisito del avance científico. (Bourdieu y Wacquant 2005, 215-216).

La referencia anterior sintetiza un espíritu de trabajo particular, que concibe la necesidad de una interrelación disciplinaria que desdibuje esos límites, como una forma de trabajo que piensa la investigación desde la interrogante (o el problema) y no desde una disciplina que busca su afirmación y el posicionamiento de su discurso unidimensional en la explicación o comprensión de la realidad.

Esto no trata solamente de un cuestionamiento sobre la organización de la ciencia, sino que va más allá, y problematiza la manera en la que se organiza cultural, política y socialmente la realidad, como lo expresa González Casanova (2013), cuando reflexiona sobre los “fenómenos sociales totales”:

Sin embargo, los obstáculos que se presentan para comprender la vida social como un todo cabalmente relacionado, en medio de las divisiones de los factores o elementos que lo constituyen, han sido difícilmente superados y lo siguen siendo, en virtud del carácter también funcional de esas divisiones en nuestra sociedad, y de las separaciones correspondientes de nuestra ciencia y nuestra cultura. (p. 233).

La demarcación de una ciencia en parcelas de interés está directamente vinculada con la forma en la que se organiza la sociedad, en la que no se conciben con claridad las relaciones entre un acontecimiento y otro, acá se puede hablar de una interrelación de una ciencia y una realidad que se autoafirman y reconocen como segmentadas, y que las hace funcionar bajo un “logos” de la división y la diferenciación.

El investigador/proyectista/sujeto

Nunca veas a una puta con luz de día, es como mirar una película con la luz encendida. Como el cabaret a las diez de la mañana, con los rayos de sol atravesando el polvo que se levanta cuando barres. Como descubrir que ese poema que te hizo llorar a la noche, al día siguiente apenas te interesa. Es como sería este puto mundo si hubiera que soportar las cosas tal y como son. Como descubrir al actor que viste haciendo Hamlet en la cola del pan. Como el vacío cuando te pagan y no sentís ni siquiera un poquito. Como la tristeza cuando te pagan y sentiste por lo menos un poquito. Como abrir un cajón y descubrir una foto de cuando la puta tenía nueve años. Como dejarte venir conmigo sabiendo que cuando se acabe la magia vas a estar con una mujer como yo, en Montevideo.

Diálogo de Ana, El lado oscuro del corazón

El diálogo de Ana sintetiza la discusión de este apartado, pues refleja cómo el sentido que asignamos a la realidad se construye de manera situacional, en tanto pasa por la mirada del observador y el contexto desde el cual la percibe.

En este apartado proponemos una discusión sobre la persona que investiga, proponiendo que hay materializada en esa figura una serie de experiencias y conocimientos que demarcan los intereses y las posibilidades de trabajo colaborativo.

Partimos de la idea de que para reflexionar sobre la interdisciplinariedad se debe discutir sobre la influencia de la subjetividad en la demarcación de intereses y la construcción de una agenda de trabajo (ya sea conjunta o individual). Lo anterior implica tener en cuenta que el investigador(a) es resultado de su proceso de vida, que se conjunta con un área de conocimiento a la que se adscribe. Eso quiere decir que lo que se estudia está en la persona y pasa por su historia, por su cuerpo y el contexto del cual participa.

En la tarea de reflexionar sobre las condiciones subjetivas e individuales que se asocian a las filiaciones disciplinares, así como a los intereses de investigación de cada persona, es importante problematizar la forma en la que cada uno(a) asume su oficio y su trabajo, ya sea de una forma crítica y confrontativa o desde una asimilación doctrinal.

Teniendo como objetivo la reflexividad, en los párrafos subsiguientes se exponen las lecturas personales de ese proceso tensional de adscripción disciplinar.

Reconociéndome como artista/diseñador

Ser artista/diseñador desde mi perspectiva comienza por el proceso de formación profesional, donde se recibe un adiestramiento que agrupa y desarrolla una extraña mezcla de conocimientos y habilidades que responden a los intereses de la institución Arte, con lo cual no me identifico plenamente, porque para mí, el tema de las disciplinas culturales no es la dimensión profesional, sino su potencial de libertad gestora que cultivo desde temprana edad. Esta libertad creativa que encuentro en la profundización del trabajo académico, entendida como otra forma de producción cultural, y que me permite vincular socialmente las disciplinas del arte y el diseño de una manera diferente de los convencionalismos en las academias, y ofreciendo la oportunidad de reconocer y desarrollar las posibilidades instrumentales/creativas del arte/diseño en mis procesos cognitivos [actuales y anteriores], así como en las capacidades comunicativas que ofrece el arte-diseño para compartir y dialogar sus procesos, por medio de imágenes, esquemas y visualizaciones gráficas.

Me parece que el actual estado del arte/diseño ofrece una gran cantidad de herramientas para intervenir el bucle investigativo propuesto por Pablo González Casanova (2004) como paradigma de las nuevas ciencias y humanidades: pensar, decir y hacer. “El conjunto de complejos y operaciones del pensar, decir, hacer se realiza con una filosofía en que la organización y el caos se suceden entre sí y llevan a la «reunificación del arte y la ciencia»” (p. 88), comprendiendo el contexto actual donde las artes y los diseños son cada vez más cercanas a las ciencias y a sus formas lógicas organizativas, y de cómo la ciencia en su mirada hacia el caos está urgida de las formas de tratamiento con que el arte y el diseño aborda el desorden.

Pero, ¿cómo llega un artista visual a preocuparse por la interdisciplinariedad?, ¿de dónde viene el interés? En un trabajo de reconocimiento, mi educación fue intensamente marcada por el Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH-Sur), donde cursé el bachillerato, un espacio académico innovador donde las fronteras disciplinares estaban francamente difusas, en física leíamos a Lenin y en filosofía nos la pasábamos viendo y discutiendo películas. También es pertinente e importante para mí señalar, la participación que tuve como miembro del equipo futbol americano Tigres representativo del CCH-Sur, que me dio la oportunidad de convivir y crear profundas relaciones interpersonales con otras personas/intereses, hoy mis amigos, que permiten y permitieron desarrollar proyectos laborales/afectivos a través de los años con ingenieros, abogados, matemáticos y biólogos, y a partir de lo cual nunca me situé en la reducción monodisciplinar de la práctica cultural aislada y ensimismada. Siendo para mí una grata sorpresa encontrar por medio del Diplomado Perspectivas de la Investigación Interdisciplinaria una comunidad como la del CEIICH, un espacio de convergencia donde poder seguir trabajando en esta línea de diálogo y dialécticas académicas, pero ya desde una investigación abierta a la creatividad, donde se exploran otras formas de trabajo colaborativo mediadas por la tecnología, posibilitando la expansión de las redes académicas tan necesarias para la investigación interdisciplinaria, el presente trabajo es un ejemplo de ello.

Reconociéndome como sociólogo

En mi identificación como sociólogo es necesario establecer dos niveles diferenciados: el primero se puede definir como una afinidad, es decir, una sensibilidad por lo social, esta se materializa en inquietudes que requieren de una explicación, que se presume pueden ser dadas por la sociología como disciplina científica. Este nivel se configura en un proceso amplio, que tiene que ver con la socialización y las experiencias de vida. En el segundo nivel está lo que define la identidad del ser sociólogo, que es lo que caracteriza y permite que una persona se autodenomine como tal, esta se configura con la compresión y asimilación de un relato, una ideología, en tanto se toma una perspectiva específica (un discurso), en la que las explicaciones que se dan sobre los fenómenos de la realidad están centradas en su construcción social, lo que brinda respuesta a las interrogantes y acontecimientos desde una perspectiva social o relacional.

En cuanto al interés por la interdisciplinaridad, en mi caso particular, está dado por el aprendizaje que me brinda la labor investigativa, la apertura de interés que me ha dado trabajar un tema como la innovación, del cual se ocupan otras disciplinas, así como el compartir con personas que se formaron en otras áreas de conocimiento. Ese escenario me ayudó a problematizar dos aspectos: el acercamiento a la realidad desde una mirada compartida, y el trabajo conjunto con personas de otras áreas del saber.

Lo anterior se enmarca en el escenario institucional más amplio, para ejemplificar es necesario hacer referencia a la institución en la que me desempeño como investigador, esta es una universidad pública con una trayectoria de 42 años, que busca continuamente la mejora en las tres áreas de acción sustantiva: docencia, investigación y extensión. El perfil de la Universidad Nacional de Costa Rica se crea desde una perspectiva humanista y con una orientación crítica, estos parámetros han guiado e inspirado el rumbo que se ha tomado hasta la actualidad. En el marco de esas tres áreas de acción y en la concepción humanista, se pueden leer esfuerzos por inscribir una perspectiva interdisciplinaria. Dos datos ilustran el trabajo que se está realizando en este último esfuerzo, lo primero es que, en algunas carreras, hay cursos de inter y transdisciplinariedad, que buscan, fundamentalmente, encontrar puntos de convergencia entre áreas del conocimiento “cercanas” a la disciplina específica. Segundo, en los proyectos de extensión y la investigación es común encontrar que se autodenominen como interdisciplinarios.

Con lo anterior se deja ver esa apertura y disposición de la organización por incorporar la reflexión y abrir caminos que permitan el desarrollo de este tipo de iniciativas. De hecho hay una suerte de impulso para que sean desarrollados. El reto está en lograr hacer viable el proyecto, en términos de la conformación de un equipo multidisciplinario y la posibilidad de construir un objeto conjunto, para poder formular el proyecto y trabajarlo.

Sobre la adscripción subjetivo-disciplinar

En la vinculación entre el sujeto y la disciplina, y cómo se llegan a configurar intereses de trabajo e investigación interdisciplinarios (o transdisciplinarios), es necesario rescatar que se trata de un lectura en retrospectiva, lo que conlleva un esfuerzo de significación del recuerdo, lo que implica entender la memoria como un recurso hermenéutico, como lo señala Montesperelli (2004), cuando expone:

[...] recordar, como cualquier actividad cognitiva, es también atribuir significados: no sólo del pasado al presente, a través de la tradición, sino más bien en dirección opuesta, cuando los procesos de significación confieren al pasado un sentido que concuerda con las necesidades presentes. (p. 8).

Con lo anterior, queremos hacer notar que la respuesta obedece a la forma en la que desde un momento específico (el ahora), hacemos lectura de todo un proceso de acercamiento y autorreconocimiento en una disciplina, como es el arte, el diseño o la sociología.

En el caso de las visiones en diálogo, es posible identificar esa complejidad del proceso de identificación subjetivo-disciplinaria, y la manera en la que se configura desde un proceso de socialización y subjetivación, como se referencia en las siguientes líneas.

Un rasgo que atraviesa ambas experiencias es la conformación de una subjetividad afín a la formación en la disciplina, es decir, que la conformación de intereses está dada por un proceso dialógico entre la persona y su experiencia de formación, lo que tiene como resultado una serie de intereses de conocimiento, así como una sensibilidad de orden teórico, epistemológico y ontológico.

Con lo anterior, podemos visualizar que esa concepción de un investigador(a), como una persona que responde preguntas con la finalidad de aumentar el conocimiento o dar alternativas para la resolución de problemas, está cruzada por una subjetividad, que se corresponde con una cierta sensibilidad. Esto implica que el sentido orientador de la investigación se hace más complejo cuando lo relacionamos con las perspectivas ideológicas y epistemológicas del investigador(a), pues esa orientación cambia o tiene sentido en un sistema de creencias, y en la posición que se asume frente a la realidad.

Planteamos que la influencia de la subjetividad en el proceso de investigación se da en dos vías. La primera es que se configura desde la persona, a la vez que influye en su ser y en su hacer. La segunda es que tiene una implicación axiológica, la cual determina qué es lo más relevante en el trabajo de investigación, ya que establece un punto orientador que guía el proceso de conocimiento y relacionamiento con los(as) demás.

Es necesario ampliar el foco de atención, pues la definición de un interés de trabajo o investigación no está marcado solamente por las experiencias anteriores del sujeto, sino que hay una implicación del contexto (temporal, espacial y cultural), pues este demarca otro espacio de interacción e influencia, que establece intereses y preocupaciones, es decir, brinda una especie de orientación más general, pues nos define y aporta el sentido, dicta los problemas de relevancia e importancia para un investigador(a) y para una disciplina en un momento determinado. El contexto y el desarrollo de las ideas (“espíritu del tiempo”) marca las posibilidades de problematización, cuestionamiento y el papel que el investigador(a) va a tener.

En relación con lo anterior es necesario considerar que ese vínculo, no significa una relación de parsimonia, pues su resultado puede ser crítico y contestatario, desde el que piense el trabajo científico y de conocimiento como una posibilidad de cambio y transformación de la realidad o los sistemas de ideas imperantes.

A todo lo anterior, se debe sumar el contexto institucional en el que se desenvuelve el sujeto investigador, pues este posibilita o dificulta procesos de investigación, ya sea imponiendo una agenda temática (de forma implícita o explícita) o incentivando la creación de espacios de vinculación y trabajo entre áreas de conocimiento. Esto no solamente pasa por la normativa, sino también por la demarcación de los intereses de cada una de las unidades (los cuales no siempre están explicitados). Esto queda reflejado en las experiencias de identificación disciplinar, pues permiten ver esa influencia del espacio institucional, que establece una demarcación en la que se posiciona la formación y el accionar de cada uno(a).

El espacio institucional también se convierte en posibilidad de transgresión de las barreras disciplinares, pues poder ocuparse de una discusión de esa naturaleza pasa por la apertura y el interés institucional, que al final es el que cobija las acciones particulares de cada uno de nosotros.

Una perspectiva o propuesta para relacionar disciplinas [interdisciplinariedad/transepistemología]

El tercer punto de discusión de este trabajo se enfoca en el establecimiento de un andamiaje conceptual y epistemológico que permita generar condiciones de articulación y trabajo de áreas diversas del saber, es decir, que posibilite un abordaje de los distintos fenómenos de interés como una “realidad social total” (González Casanova 2013).

La discusión que se propone en este apartado está asociada con un proceso iniciado en el curso del Diplomado de Actualización Profesional en Perspectivas de Investigación Interdisciplinaria del CEIICH-UNAM, y que ha continuado con la comunicación activa de tres participantes, quienes decidieron seguir en diálogo para pensar y articular posibilidades de trabajo colaborativo desde una perspectiva interdisciplinaria.

La presentación de una alternativa conceptual implica la identificación de los principales nodos de discusión, desde los cuales es posible pensar en un trabajo conjunto, que integre dos o más áreas del saber. Es por eso que acá se presentan, primero, los niveles de acción desde donde se propone y toma sentido el trabajo inter o transdisciplinario, y, en un segundo momento, la alternativa de un marco epistémico común.

¿Para qué la vinculación entre disciplinas?

La apuesta por una investigación interdisciplinaria (o transdisciplinaria) se vincula con la necesidad de crear las condiciones para responder preguntas de mayor complejidad (que trascienden la demarcación de una sola disciplina), así como a la imposibilidad de encontrar una solución a ciertos problemas de la realidad. Desde ambos requerimientos, la investigación interdisciplinaria apuesta por la explicación y comprensión de la realidad como un complejo entramado de relaciones.

En el primer nivel (el de las preguntas), la investigación interdisciplinaria aparece como un alternativa de trabajo que interpela la manera en que se ha dado históricamente el trabajo científico. Esto porque implica la creación de sinergias y vínculos entre áreas de conocimiento distantes, y que incluso se pue den haber creado desde la mutua negación.

La apuesta por la investigación de corte interdisciplinario implica un cuestionamiento de los cánones epistemológicos tradicionales, desde los cuales no se reconocen otros saberes y otras formas de conocimiento, es, desde algunas perspectivas, una revisión a las bases constitutivas de la práctica científica que se asume como relato hegemónico.

En el segundo nivel, se trata de pensar en nuevos problemas, en tanto la demarcación que se ha venido realizando de algunos acontecimientos no ha permitido encontrar una solución. Esto no significa dejar de darle importancia a las problemáticas más acuciantes de la realidad como la pobreza, la desigualdad y la violencia, sino de abordarlas desde otras perspectivas, establecer sus interrelaciones o su interdefinibilidad, para abordarlos como fenómenos sociales totales (González Casanova 2013) o como un sistema complejo (García 2006). Este nivel se vincula con la acción directa a la práctica de transformación de la realidad, pues las discusiones no se limitan al ámbito más académico de reflexión, sino que implican desde una lógica de la praxis, un trabajo de cambio y alteración, que considere la realidad en su complejidad.

En una respuesta concreta a la pregunta que propicia este apartado, la vinculación entre disciplinas sirve para poder hacer y responder nuevas preguntas de investigación, a la vez que para ocuparnos de otros problemas, no por la negación de los que ya existen, sino para abordarlos de otra manera, buscando alternativas de solución.

El marco epistémico común

El eje articulador de la propuesta de trabajo interdisciplinario es la definición de un marco epistémico común que propicie las condiciones básicas para el entendimiento entre las áreas de conocimiento y los sujetos que las hacen propias.

Si partimos del marco epistémico como base del trabajo interdisciplinario (o transdisciplinario), es necesario esclarecer la forma en la que lo entendemos. Por lo anterior, planteamos que este está constituido por un conjunto de creencias y concepciones que cada investigador (o proyectista) tiene sobre el ejercicio de conocimiento o abordaje de la realidad, es decir, son una serie de premisas desde las cuales se entiende y evalúa el trabajo de las disciplinas científicas. Para ejemplificar esto es posible hablar de los diversos paradigmas en la ciencia como marcos epistémicos, aquí podríamos decir que el positivismo y el estructuralismo son marcos epistémicos, en tanto las personas que los suscriben comparten una serie de valores y formas de entender la realidad y el trabajo de la ciencia. Para ser más precisos, lo que hay detrás de este bagaje común es un posicionamiento de índole metodológico, ontológico y axiológico.

El marco epistémico común posibilita la comunicación y da condiciones de base para poder trabajar sobre un mismo interés, se trata, de alguna manera, de compartir un lenguaje y canal de diálogo desde el cual se pueden construir vínculos y relaciones.

Nuestro posicionamiento: una alternativa para el trabajo entre disciplinas

Nuestro marco epistemológico común tiene su origen en dos reconocimientos. Comenzando con la democracia cognitiva comprendida desde la epistemología genética piagetiana, que plantea en primer término las posibilidades genéticas de todos los humanos para construir conocimiento de manera complejizante, lo cual se desarrolla por medio del bucle cognitivo que nos propone Jean Piaget: interacción > asimilación > acomodación. De tal forma, la elaboración del conocimiento comienza con la interacción del sujeto con las realidades [sujeto > objeto], de las cuales surge una experiencia significativa de comprensión y apropiación de dichas realidades [objeto > sujeto], a partir de las cuales son integradas al pensamiento anterior, acomodándose y haciéndose un espacio de relación en las estructuras cognitivas predecesoras.

Otra forma de cómo entendemos la democracia cognitiva se enfoca en su comunicabilidad, que plantea interrogantes sobre cómo compartir y dialogar el conocimiento, abriendo las posibilidades de comunicación entre pares y con la sociedad en general, hacer asequible el conocimiento para todos, es algo que Edgar Morin nos invita a fomentar, cuando plantea:

La democracia cognitiva parte de la crítica a las tecnociencias que produce conocimiento elucido caracterizado como esotérico, accesible por capacitación especializada, es decir, fragmentada. También produce ignorancia y ceguera de los propios científicos y es fomentada por la divulgación mediática actual. La democracia cognitiva le otorga el derecho al ciudadano de adquirir conocimiento que lo posibilite a tener visión globalizada, pertinente e integrada para una sociedad de la información capaz de relacionar la fragmentación y producir conocimiento complejo y comprensión de la diversidad cultural contenida potencialmente en el Internet, entendida como un sistema neurocerebral semiartificial que combina a los seres humanos y a las máquinas, y que constituyen una red en permanente expansión, alimentada por innumerables bucles recursivos. Observando la ausencia de divulgación científica dirigida a la sociedad en su conjunto y que no reconoce las potencialidades del ciberespacio, donde se intercambian informaciones, conocimientos, ideas y pensamientos entre los internautas, y que asumido desde la democracia cognitiva enriquecería y transformaría la red por medio de la autorreproducción de bucles recursivos, que a la vez crean las condiciones preliminares de una sociedad/mundo cimentada en la comprensión de la diversidad cultural y el conocimiento complejo. La divulgación mediática es el problema histórico de la democracia. [Resumen del texto Democracia cognitiva y comunicacional (Morín 2011, 157-162)].

La dimensión dialógica de la democracia cognitiva establece el trabajo colaborativo como su principal problema/solución, asumida desde la perspectiva de la investigación acción colaborativa, es decir, por medio de un proceso de continuos bucles reflexivos que permitan ir profundizando en las formas de relación entre los participantes del proceso, convocados por uno o varios problemas comunes: “Los participantes implementan soluciones prácticas a sus problemas, utilizando sus propios recursos o en solidaridad con otros grupos o gremios. Estas actividades están interrelacionadas y forman un ciclo dinámico” (Balcázar 2003, 63). Ciclos que van definiéndose por medio de atizar las prácticas de organización horizontal entre los sujetos integrantes de los grupos de investigación.

Partimos del reconocimiento de la complejidad en la realidad y de la imposibilidad de construir soluciones de manera disciplinar. Enrique Leff (2007) desde una reflexión ambientalista nos presenta la situación de la siguiente manera:

La crisis ambiental de nuestro tiempo es el signo de una nueva era histórica. Esta encrucijada civilizatoria es ante todo una crisis de la racionalidad de la modernidad y remite a un problema del conocimiento. La degradación ambiental -la muerte entrópica del planeta- es resultado de las formas de conocimiento a través de las cuales la humanidad ha construido el mundo y lo ha destruido por su pretensión de unidad, de universalidad, de generalidad y de totalidad; por su objetivación y cosificación del mundo. La crisis ambiental no es pues una catástrofe ecológica que irrumpe en el desarrollo de una historia natural. Más allá de la evolución de la materia desde el mundo cósmico hacia la organización viviente, de la emergencia del lenguaje y del orden simbólico, el ser de los entes se ha “complejizado” por la reflexión del conocimiento sobre lo real. (p. 2).

La consciencia global es una marca de nuestros tiempos de lo cual emanan una gran cantidad de fuegos artificiales con efectos de deslumbramiento, presentes en múltiples formas muy brillantes, desde las pantallas de los dispositivos actuales hasta los materiales y objetos de nuestra neo-naturaleza artificial, es decir, la cultura contemporánea, sin embargo, esas luces tan brillantes de los televisores, móviles, computadores, automóviles, electrodomésticos, la arquitectura, entre otros, proyectan sombras que no son fáciles de ver, Giorgio Agambem, señala:

[…] contemporáneo es aquel que tiene la mirada fija en su tiempo, para percibir no la luz sino la oscuridad. Todos los tiempos son, para quien experimenta la contemporaneidad, oscuros. Contemporáneo es, justamente, aquel que sabe ver esta oscuridad, y que es capaz de escribir mojando la pluma en las tinieblas del presente… Puede decirse contemporáneo sólo aquel que no se deja cegar por las luces del siglo y que logra distinguir en ellas la parte de la sombra, su íntima oscuridad... el contemporáneo es aquel que percibe la oscuridad de su tiempo como algo que le corresponde y no deja de interpelarlo, algo que, más que otra luz se dirige directa y especialmente a él. Contemporáneo es aquel que recibe en pleno rostro el haz de tinieblas que proviene de su tiempo. (2007, párr. 6).

En este lugar, más allá de la luminosa doxa, es donde la construcción del conocimiento cobra sentido, donde la investigación mira hacia lo desconocido, a lo indefinido, al sinsentido. En ese borde de lo conocido donde el investigador se para con la firme intención de dar ese paso al vacío, con la esperanza de ser recibido por los andamios de la comprensión, que le permite sumergirse en el bosque de la complejidad. Pero, ¿cómo entendemos la complejidad?

La siguiente imagen nos permite visualizar por un lado la contrastación entre los paradigmas conceptuales de la ciencia que hoy están en acción. La simplicidad de las ciencias tradicionales caracterizadas principalmente por la operación disyuntiva, el reduccionismo monolítico y la abstracción especializada. En contraste con la complejidad de las nuevas ciencias cimentadas en procesos dialógicos, bucles recursivos de sistemas organizacionales adaptativos y concienzudamente hologramáticos.

Ilustración 2

Paradigmas en confrontación

2007-8110-crs-5-13-175-gch2.jpg

Fuente: Elaborada por Yuri Aguilar Hernández, a partir de Edgar Morin.

La complejidad nos permite tomar a grupos de ciencias tradicionales y comenzar un diálogo trans-epistemológico con la realidad contenida en otros saberes, tradiciones, acciones, movimientos sociales, etcétera, para juntos resolver mediante vinculaciones creativas las contradicciones entre los pares dialécticos del pensamiento [orden/desorden-racional/irracional-certeza/incertidumbre], y así construir macroconceptos que nos sean útiles a la solución alternativa de problemas complejos. Edgar Morin nos comparte esta reflexión:

El paradigma de la ciencia clásica veía la explicación en la reducción al orden (leyes, invariancias, medidas, etc.). Aquí no se trata de sustituir el orden por la organización, sino de conjuntarlos, es decir, introducir el principio sistémico/organizacional, como principio explicativo no reductible. Semejante introducción introduce al mismo tiempo desorden. La organización crea orden (al crear su propio equilibrio sistémico), pero también crea desorden: por una parte, el determinismo sistémico puede ser flexible, comportar sus zonas de alea, de juego, de libertades; por otra parte, el trabajo organizador, como se ha dicho, produce desorden (aumento de entropía). En las organizaciones, la presencia y producción permanente del desorden (degradación, degeneración) son inseparables de la propia organización. El paradigma de la organización comporta igualmente en este plano, una reforma del pensamiento; en lo sucesivo, la explicación ya no debe expulsar el desorden, ni ocultar la organización, sino debe concebir siempre la complejidad de la relación. (Morin 1984, 207).

En este paisaje complejizante que nos desborda hacia la realidad, una realidad que no solo se contiene en las formas del pensamiento, sino que necesita confrontarse con ella misma, que nos obliga a la interacción constante con una materialidad cada vez más líquida, el diálogo transepistemológico se vuelve urgente, porque no se trata solo de las ideas sino también de las acciones, ampliando los procesos organizativos a otros ámbitos del quehacer humano:

La relación entre el conocimiento científico, el arte, la técnica y la acción que se estructura y restructura para alcanzar objetivos corresponde a algo más que la interdisciplina o que la transdisciplina. Es un fenómeno en el que se realiza otra síntesis; la articulación la construcción, la creación, que une al pensar, al decir y al hacer en organizaciones y estructuras diseñadas para lograr objetivos de dominación y apropiación. Estas organizaciones se proponen como objetivos prácticos ir de los conceptos a las palabras y a los actos. No incluyen solo las tareas de los especialistas de alto nivel, aparecen en la cultura corporativa de los <<complejos>> y las <<transnacionales>>, así como de muchos de sus componentes. Más que trans-disciplinas son trans- epistémicas. Corresponden a la lógica de los planes, modelos y programas que se realizan, expresan las articulaciones de conceptos, símbolos y actos. (González Casanova 2004, 88-89).

Es importante y pertinente reflexionar sobre esta dimensión de las organizaciones, porque la investigación interdisciplinaria exige un nivel de organización que va más allá del academicismo tradicional, necesita reconocerse en términos de producción cultural y no aislarse en los lugares de culto al conocimiento, debe abrirse a la sociedad, y para ello es urgente moverse en ciclos que van del pensar hacia el decir y el hacer mediante la organización de estructuras adaptativas para cada proceso.

La construcción de equipo

El cuarto punto de tensión está conformado por el nivel relacional, ya no desde una lógica exclusivamente disciplinaria, sino con la inclusión de las dimensiones más subjetivas que son el punto de contacto inicial del trabajo colectivo.

En este nivel se discute sobre la interacción entre personas en el proceso de construcción de conocimiento. Se hace énfasis en las limitaciones y potencialidades del trabajo grupal, así como en el papel de los recursos tecnológicos para la generación de espacios colaborativos. Para ejemplificar la dinámica se exponen los aprendizajes de dos experiencias de trabajo conjunto, en las que sale a relucir una reflexión sobre las implicaciones de construcción de equipos multidisciplinarios y multinacionales, que nos sitúa en las llamadas prácticas instituyentes de la producción cultural (Buden et al. 2008).

Interacciones en el trabajo conjunto

Un prerrequisito del trabajo interdisciplinario es la coincidencia de intereses, desde los cuales se demarca y se construye una senda de trabajo, todo esto implica coordinación y tareas conjuntas (ya sea en parejas o en grupos más amplios de personas). Con lo anterior se crea una nueva agenda (que algunas veces no es visible, pero que siempre está presente), que es la del relacionamiento. Esta segunda agenda, cruza y afecta de forma transversal todo el proceso.

Es importante señalar que la exposición de las ideas de este subapartado es producto de la reflexión sobre las experiencias de trabajo del Diplomado en Perspectivas de Investigación Interdisciplinaria del CEIICH de la UNAM y de una experiencia de trabajo colaborativo.

En los apartados anteriores se expuso sobre el diálogo entre disciplinas (en tanto formas discursivas disímiles y en algunos casos hasta contrapuestas), en este nos enfocamos en el diálogo entre subjetividades, en la manera en que entran en relación formas diversas de ser, trabajar y actuar. Visto de esa manera, el diálogo está cruzado por múltiples dimensiones, que pueden contribuir de manera positiva o negativa en el trabajo colaborativo.

Dentro de este espacio problematizamos cuatro dimensiones diferenciadas, como son: la organización, la comunicación, los estilos de trabajo y la ética (Ilustración 3). En estas se concentran las tensiones que se vivencian en cada etapa de la interacción grupal.

Ilustración 3

Dimensiones de tensión del trabajo colectivo

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Fuente: Elaborada por Yuri Aguilar Hernández, a partir de Edgar Morin.

La dimensión de la organización tiene que ver con las disposiciones que demarcan las líneas de trabajo es una condición que permite articular cada una de las acciones que el proyecto o actividad requiere.

Por la naturaleza diversa de los proyectos o trabajos interdisciplinarios (o transdisciplinarios), se requiere una organización particular que pueda aglutinar la diversidad, para transformarla en una potencialidad, más que en un factor de distanciamiento. Donde la aportación de las habilidades disciplinarias y extradisciplinarias de los miembros del equipo se transforman en uno de los componentes más importantes, pues permiten estructurar las actividades propuestas para el ejercicio constructivo de las colaboraciones.

La organización también requiere del desarrollo de liderazgos y coordinaciones, estos no son establecidos de una vez y para todo el proyecto (o iniciativa), sino que se gestionan según circunstancias, capacidades, requerimientos e intereses del grupo de trabajo, lo cual implica un nivel de complejidad importante.

Para sobrellevar los procesos tensionales en la organización, es necesario crear las condiciones propicias, y una de las más relevantes se constituye con la siguiente dimensión; la comunicación. Está asociada al establecimiento de canales de diálogo, mediante los cuales se organiza el trabajo y se consolidan las relaciones.

El nivel de la comunicación requiere de atención, ya que mejora las condiciones de interacción e integración, y abre espacio a la confianza. Lo que posibilita un mayor intercambio y realimentación entre las personas involucradas, así como apropiación del proyecto, condiciones necesarias para la interdisciplinariedad.

Como en cada una de las personas que participan de un grupo se entrecruzan subjetividades, conocimientos y visiones disciplinares, también se hacen presente los estilos de trabajo diferenciados, es decir, las maneras en las que se concibe el proceso de investigación y la dinámica de desarrollo, así como la forma que deben tener los productos. Esta operacionalización del oficio implica disconformidades y disputas, así como aprendizajes, negociaciones y adaptación. Lo cual no siempre es fácil, pues en ello se interponen los estilos institucionales del academicismo tradicional que, inconscientemente, se cuelan por las rendijas de lo consciente.

La manera en la que cada uno se organiza para trabajar se asocia con la forma en la que ha asumido y adaptado el ser sociólogo, planificador o artista, es decir, la manera en la que ha aprehendido que se comporta una persona que cumple ese rol en la sociedad. Esto, aunque lo parezca, no es superficial, en los estilos de trabajo están enquistados los preceptos epistemológicos y conceptuales de su disciplina y su oficio, lo que implica confrontación y distancia (según la concepción tradicional de la segregación por áreas de conocimiento, así como los estilos institucionales del academicismo, que, como ya se dijo, siempre emergen en la conformación de relaciones).

La última dimensión, la ética, es uno de los pilares del trabajo colectivo, pues tiene que ver con la correspondencia hacia el otro y el interés común que significa un proyecto conjunto. La continuidad del trabajo en equipo pasa por la confianza en el otro, la cual se cimienta en la responsabilidad, es decir, en el cumplimiento de las labores asumidas, así como en la disposición a colaborar y aportar. Esto implica el respeto de los tiempos y la dinámica de organización definida, ya que es la base de las relaciones.

La dimensión ética tiene que ver con el compromiso social y personal de la investigación, trata de ser consecuente con lo que se busca en el trabajo, y con los valores que guían la investigación. A la vez que implica una definición de lo que se puede o no hacer para llevar a cabo el trabajo, esto es, la definición de los límites axiológicos de la metodología del proyecto.

Por esos nodos tensionales es que no se asume que el trabajo grupal sea, por defecto, trabajo en equipo. Los equipos de trabajo se construyen mediante el relacionamiento y la correspondencia, son el resultado de la interacción y por tanto de la creación de mecanismos de resolución e institucionalización de las tensiones o el conflicto. Esta lógica de relacionamiento implica apertura, escucha (o la lectura), así como el reconocimiento del otro como un sujeto en condiciones de enseñarnos y de aprender con nosotros.

La mediación tecnológica y virtual

En las experiencias de trabajo en las que hemos incursionado (desde la distancia en términos espaciales), un factor clave ha sido la mediación tecnológica y virtual. Esta permite construir posibilidades de organización y trabajo desde la distancia, que era una condición necesaria para el trabajo colaborativo en nuestro caso.

Desde las actividades de reconocimiento que se realizaron en el marco del Diplomado en Perspectivas de Investigación Interdisciplinaria, la plataforma virtual se convirtió en un espacio compartido, donde se intercambian puntos de vista, productos académicos y momentos interpersonales. Lo anterior permitió la creación de un cierto grado de pertenencia a lo interno del grupo, desde donde se comenzó a profundizar en las colaboraciones, y en algunos casos, en el aislamiento de algunos colegas migrantes tecnológicos.

Las experiencias conjuntas nos han permitido ver un doble rol en el uso de los recursos tecnológicos y virtuales: como dinamizador y como brecha. En el primer caso, ha sido un canal que facilita el diálogo, la interacción y el trabajo conjunto. Los foros en línea son una forma de iniciar discusiones o participar en alguna iniciada posibilitando la construcción dialogada de algún tópico en particular, así como el acuerdo o disentimiento de alguna opinión compartida o perspectiva conceptual. En el segundo, ha sido el escenario de desconocimiento, ya que no todos(as) manejaban las mismas herramientas o tenían la disposición de aprender a utilizarlas, el caso de los mapas conceptuales colaborativos fue algo que propusimos algunas veces, y que desgraciadamente no fue practicado por todos, pero que es una herramienta muy interesante para el diálogo con perspectiva interdisciplinar, al permitir graficar los vínculos teóricos de las aportaciones de cada participante.

Esa doble condición influye en el proceso y es necesario tenerla en consideración, ya que si bien ayuda posibilitando el trabajo conjunto, también propicia limitaciones y distanciamiento.

En la primera condición, se destacan las posibilidades que crea, es decir, las potencialidades que dan una serie de herramientas que se ponen a disposición del trabajo colectivo, y que son propicias para fomentar el diálogo y la interacción. Estas favorecen de manera positiva la interacción entre los grupos de trabajo.

También es necesario reconocer que estas herramientas y su conocimiento, pasan a fortalecer el trabajo individual y específico de cada una de las personas que participan del grupo, pues la nueva información puede ser aplicada a las labores que cada uno(a) lleva a cabo.

En la segunda condición, desde la concepción de brecha, hay implicaciones negativas en la medida en que no haya apertura o falte la disposición al acompañamiento (de quienes las manejan) y al aprendizaje (de quienes no las conocen), ya que una parte del relacionamiento es el reconocimiento y apertura a aprender.

Dialécticas de las experiencias de trabajo

Los procesos de diálogo desarrollados en las interacciones en el transcurso del Diplomado se han desbordado en el tiempo hasta hoy, han gestado espacios de síntesis dialéctica en diferentes momentos, es decir, producción cultural por medio de diversos formatos y canales, que nos han lanzado hacia lugares más allá de lo institucional, hacia el desarrollo de prácticas instituyentes. Entendidas como instituciones en movimientos multimodales, las cuales construyen alianzas temporales y espacios intermedios, que desafían las formas de producción de conocimiento, de acción política-social y de producción cultural, esto es, generan nuevas subjetividades políticas. Son dispositivos políticos híbridos, que mezclan las instituciones con organizaciones, trabajos y saberes colectivos, con movimientos sociales y tradiciones populares (Buden et al, 2008).

Como ejemplo de lo anterior podemos definir dos momentos: el primero referente al trabajo que realizamos como presentación final del Diplomado, materializado en un trabajo extenso para apuntar imaginariamente una propuesta de anti-institución, la cual llamamos increta, donde comenzamos a delinear sintéticamente nuestros espacios de convergencia y de disputa, reconociendo y experimentando el trabajo colaborativo a distancia. El equipo C del cual formamos parte en el Diplomado estaba conformado por Castro Sil Diana Aleida > comunicación y periodismo + Martínez López María Esther > derecho y derechos humanos + Soto Kiewit Luis Diego > sociólogo + Salas Barquero Ronald > planificador, administrador y educación + Aguilar Hernández Yuri Alberto > artista/diseñador + Juan Bermúdez Mora > ingeniero en producción industrial. Todos participamos de una u otra manera, con mayor o menor trabajo en la creación de mapas conceptuales individuales, que después nos sirvieron para integrar en una síntesis colectiva con lo que nos quedamos de las perspectivas interdisciplinarias que abordamos en el diplomado, de lo cual surgieron la escritura de un texto en línea y la elaboración de una infografía (ver Ilustración 4).

Ilustración 4

Síntesis de integración

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Fuente: Elaborada por Yuri Aguilar Hernández.

Un segundo momento se activó a partir de retomar una de las críticas que hicimos en su momento al diplomado, la falta de experimentación de lo aprendido, es decir, ponernos en acción y confrontar todas estas ideas sobre el quehacer investigativo con la realidad. Por lo cual nos sumergimos en una experiencia contra el tiempo, que aceleró nuestras interacciones creativas y nos mostró las ventajas del trabajo colaborativo a distancia. A invitación de la que fue nuestra asesora en el Equipo C en el diplomado, Haydeé García Bravo, nos propusimos responder junto con ella, a la convocatoria para prototipado de proyectos de innovación ciudadana “Ciudades que aprenden”. Hoy observamos sobre la experiencia de elaborar el proyecto [que no fue seleccionado, desgraciadamente], cómo mediante un diálogo claro y propositivo convergieron los intereses conceptuales, las habilidades disciplinares y las ilusiones personales en una segunda versión de nuestra anti-institución.

Así, presentamos “Nomades Devorantes”:

En el proyecto nos proponemos reconstruir lecturas de la ciudad generadas por las personas que se dedican a la venta ambulante de comida, con la finalidad de poner en común y mostrar la diversidad de vivencias y experiencias urbano-sensoriales asociadas con ello. La propuesta despliega una estrategia metodológica particular, en la que se busca crear nexos de participación, de los(as) vendedores(as), para que desde su vivencia y su cotidianidad se expongan otras miradas de la ciudad, que sirvan para pensar el espacio desde su complejidad, en las múltiples interacciones con personas distintas, con sus propias historias y trayectorias, en las que no hay una sola verdad, sino diversas verdades, que están relacionadas, y convergen para producir ese espacio que con un sentido monolítico llamamos ciudad. (García Bravo, Aguilar Hernández y Soto Kiewit 2016, 8).

Así, se propuso crear un artefacto móvil acuático, como una plataforma micro-arquitectónica sobre la cual desplegar la investigación de campo en los canales de Xochimilco y poder recoger las experiencias de los comerciantes ambulantes dentro de este espacio económico sui generis, invitando a otras disciplinas [chef-economista-ilustrador-escritor-fotógrafo] para proponer diferentes colaboraciones en el marco de esta exploración.

Finalmente, todas las experiencias de interacción anteriores se integran en el presente texto que nos propusimos escribir, el cual fue asumido desde la idea de afectar todo el proceso. Por ello comenzamos al inicio del año pasado a dialogar por medio de correos electrónicos alimentando un intercambio epistolar que nos permitió conocernos con mayor profundidad. A través de hacernos preguntas específicas pudimos ir construyendo el prisma de nuestros intereses, pensamientos y posturas que fueron definiendo el eje argumentativo de este texto. El cual nos ha permitido abordar con mayor intensidad la producción conjunta, donde el respeto y la escucha abierta a las aportaciones ha sido la guía para la complementación argumentativa que hemos desplegado a lo largo de este peculiar escrito, por la mezcla de autores.

Ilustración 5

Economías móviles

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Fuente: Elaborada por Yuri Aguilar Hernández.

Referencias

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Bruguera Tania Reflexions on arte útil (useful art)ARTE ACTUAL: Lecturas para un espectador inquietoCA2M Centro de Arte Dos de Mayo, Dirección General de Bellas Artes del Libro y de Archivos. Comunidad de Madrid112012Madrid, España194197http://www.biboloid.com/2013/01/ arte-util.htmlhttp://www.taniabruguera.com/cms/592-0-Reflexions+on+A rte+til+Useful+Art.htm

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Boris Buden Judith Butler Alberto de Nicola Brian Holmes Jens Kastner Maurizio Lazzarato Isabell Lorey Stefan Nowotny Gerald Raunig Gigi Roggero Raúl Sánchez Cedillo Universidad Nómada Hito Steyerl Benedetto Vecchi Marion von Osten La producción cultural y las prácticas instituyentes: líneas de ruptura en la crítica institucionalMadridTraficantes de Sueños2008

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Subiela, Eliseo (dir.). El lado oscuro del corazón. Largometraje. Argentina, 1991.

Eliseo Subiela El lado oscuro del corazón1991

Notes

[1] Agradecemos a María Haydeé García Bravo, por la invitación a compartir estas reflexiones, así como por todos los aportes y contribuciones realizados en el desarrollo de este documento, pues que sus comentarios y lecturas enriquecieron de manera sustancial lo que aquí presentamos y proponemos.

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INTER DISCIPLINA, Vol. 8, No. 21, mayo-agosto 2020, es una publicación cuatrimestral electrónica, editada por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Ciudad Universitaria, Coyoacán, 04510, Ciudad de México, a través del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH), Torre II de Humanidades 4º piso, Circuito Escolar, Ciudad Universitaria, Coyoacán 04510, Ciudad de México, <http://www.interdisciplina.unam.mx>, (rev.interd@unam.mx). Editor responsable: Ricardo Lino Mansilla Corona. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo No.04-2015-062512120000-203, otorgado por el Instituto Nacional del Derecho de Autor, ISSN electrónico 2448-5705, ISSN impreso 2395-969X. Responsable de la última actualización de este número: Isauro Uribe Pineda (CEIICH-UNAM).
Fecha de la última actualización: 26 de mayo de 2020. Servicios que indexan a INTER DISCIPLINA: Clase, Latindex, Conacyt y SciELO.
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